La nueva pirámide alimenticia, receta con intereses escondidos

Hay cosas que pensamos ya están más o menos resueltas o por lo menos estables. Como la pirámide alimenticia. La vimos en la primaria,y si tomaste clases de nutrición o gastronomía tuviste que volverla a ver,  luego regresó en forma de plato… y ahora vuelve, de cabeza. Literal. La Nueva pirámide alimenticia presentada en Estados Unidos hace unos días, no solo cambia el dibujo, también cambia el mensaje, y eso es lo que la vuelve interesante, incómoda y confusa. Porque no se trata solo de qué alimentos están arriba o abajo, sino de los porqués de esta “nueva” propuesta.

Menos procesados en la nueva pirámide alimenticia

Todo mundo dice “come saludable” pero nunca explican qué significa eso en la vida real. Algo similar pasa aquí. El anuncio vino acompañado de un discurso atractivo: menos ultraprocesados, más comida “real”, para empezar ¿Qué carambas es comida real?

Parece algo que cualquiera podría apoyar sin pensarlo demasiado, pero cuando miras con calma la imagen, lees las recomendaciones y conectas los puntos, empiezan las preguntas incómodas. ¿Por qué tanta insistencia en la proteína? ¿Por qué la proteína animal ocupa casi todo el protagonismo? ¿Y las leguminosas? y más que nada ¿Qué pasa con el contexto social de quién puede comprar esa “comida real”?

La guía fue impulsada desde el Departamento de Salud estadounidense bajo la dirección de Robert F. Kennedy Jr., una figura que ya venía generando polémica en temas de salud. Porque esta Nueva piramide alimenticia no parece construida solo desde la evidencia científica, sino también desde una narrativa política clara, volver a una alimentación basada en productos animales, apoyar a ciertas industrias y dejar la responsabilidad por completo en el individuo. Como si todos tuviéramos el mismo tiempo, dinero y acceso a supermercados gourmet.

El origen de la propuesta alimenticia

Para entender por qué este cambio genera tanto ruido, hay que mirar un poco hacia atrás. La pirámide alimenticia original apareció en 1991, por el USDA y una lógica simple: lo que va abajo se come más, lo que va arriba se come menos. Con el tiempo, esa idea se fue retorciendo. En 2005 apareció “My Pyramid”, que parecía más un Excel que una guía para comer. En 2010 llegó “My Plate”, el famoso plato dividido en secciones, que es el más intuitivo y comprensible, que en México se ha usado y se le conoce como el plato del buen comer

La Nueva pirámide alimenticia se presenta como una revolución al pasado, pero en realidad tiene mucho de retroceso. Regreso a la carne como ingrediente principal, regresa a los lácteos como eje diario, regreso a las grasas animales normalizadas. El discurso habla de modernidad, pero la estructura recuerda más a una época donde comer bien era sinónimo de comer más proteína animal. Y eso choca con décadas de investigación que apuntan hacia dietas más diversas y coloridas, con mayor protagonismo vegetal y menor carga de grasas saturadas.

Aquí es donde la cosa se vuelve contradictoria. Porque el texto que acompaña a la pirámide dice una cosa, pero la imagen dice otra. Y cuando una guía está pensada para el dominio público, la imagen y elementos visuales son los protagonistas. Pocos leen el contenido escrito, y eso pasa hasta en este blog.

Vamos a entenderla bien

Lo que llama la atención es la obsesión con la proteína. La Nueva pirámide alimenticia recomienda ingestas de entre 1.2 y 1.6 gramos por kilo de peso corporal, incluso para personas que no entrenan ni tienen objetivos específicos, ese nivel de ingesta para dirigido a deportistas y personas de alto rendimiento físico, para la mayoría de la población “normal”, con 0.8 g/kg es más que suficiente. Aquí entra una idea que está grabada con cincel en todas las personas que creen que para comer proteína, si o si, debe de venir de un animal,  mientras que tienen un plato con arroz, frijoles, verduras y semillas. Como si la proteína solo existiera en forma de bistec o pechuga de pollo. Has de cuenta que eso es la nueva pirámide. 

Las leguminosas aparecen, pero rezagadas, casi como nota al pie. En cambio, la proteína animal ocupa el centro del escenario: carne, huevos, lácteos, mariscos. Y lo más llamativo es que el propio documento reconoce su intención de apoyar a la industria ganadera. Literal. Está dicho tal cual.Con los lácteos pasa igual. Se recomiendan varias raciones al día, como si fueran indispensables. Pero la ciencia avanza y la evidencia científica es clara: no son necesarios. El calcio puede obtenerse de frutos secos, semillas y verduras de hoja verde. El problema no es comer carne o lácteos. El problema es presentarlos como fuente única de una alimentación saludable, sin contexto, sin alternativas y sin reconocer que muchas personas no pueden o no quieren consumirlos.

Cuando la guía habla de frutas y verduras, el mensaje es bastante sensato. Se recomienda consumirlas todos los días, priorizar verduras sobre frutas y elegirlas enteras en lugar de jugos. Nada nuevo, pero correcto. El detalle es que, visualmente, no ocupan el lugar central que debería ocupar. Y eso genera ruido. Con los cereales integrales ocurre algo parecido. En la imagen parecen relegados a un consumo casi ocasional, pero el texto recomienda entre dos y cuatro raciones diarias, priorizando integrales. No hay contradicción técnica, pero sí una mala traducción visual del mensaje.

Las grasas son otro tema. La guía dice promover grasas saludables, pero vuelve a poner el foco en las de origen animal. Se mencionan mantequilla y sebo junto con aguacate, aceitunas, semillas y frutos secos. Todo mezclado, sin diferenciar claramente calidad ni impacto en la salud. Sabemos desde hace tiempo que un consumo elevado de grasas saturadas de origen animal puede ser peligroso. 

La nueva pirámide alimenticia no trae nada revolucionario

No propone políticas públicas que faciliten el acceso a alimentos saludables o aborda desigualdades sociales. Ni conecta la alimentación con el impacto ambiental. Lo que sí hace es contar una historia muy clara sobre qué alimentos merecen protagonismo y cuáles pueden quedarse en segundo plano.

Tal vez la reflexión más honesta sea esta: ninguna pirámide, plato o gráfico puede reemplazar el pensamiento crítico. La Nueva pirámide alimenticia puede servir como punto de partida para hablar de ultraprocesados y comida real, pero no debería tomarse como verdad absoluta. Comer bien no es seguir un dibujo al pie de la letra, sino entender contextos, escuchar al cuerpo y reconocer que la ciencia evoluciona, aunque la política a veces camine hacia atrás.

La comida siempre ha sido una decisión diaria, aparentemente pequeña, pero profundamente política. Lo que eliges comer hoy no solo impacta tu salud, también refleja tus creencias y el sistema político que apoyas.

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