Seguro los has visto: en TikTok, en Instagram, en YouTube. Siempre hay alguien enseñándote un taco con más queso del que tu estómago puede procesar o presumiendo un ramen que parece salido de caricatura japonesa. Los foodies saturan las redes sociales y son parte de todas las plataformas existentes. Ejércitos de comensales entusiastas, aunque muchas veces poco instruidos, apasionados por hablar de lo que comen, pero también desesperados por likes para crecer sus cuentas a toda costa. En el mejor de los casos logran vender publicidad; en el peor, buscan simplemente comer gratis o inflar sus egos. Como me contó Humberto, dueño de un puesto de carnitas en Guadalajara: “Son un tormento, siempre quieren intercambiar posts por comida, y a veces ni sus páginas valen la pena”.
Aquí está el punto clave: cuando te preguntas ¿Qué es un foodie?, no pienses en un crítico gastronómico como Anthony Bourdain o en un chef con estudios culinarios. Piensa más en un influencer que busca imágenes “instagrameables” que apantallen a sus seguidores, aunque el platillo sea mediocre. El valor está en la foto, no en la experiencia real. Y sí, eso genera un impacto enorme en la gastronomía actual, pero no necesariamente para bien. Algunos negocios se llenan gracias a un post viral, otros se ven reducidos a simple escenografía de fondo para el próximo reel.
¡Lo instagrameable vende más que el sabor!
Aquí es donde la pregunta vuelve a la mesa: ¿Qué es un foodie? Básicamente, alguien más interesado en la foto que en la técnica culinaria o el balance de sabores. Como dice Alicia, una especialista en PR: “No importa lo que digan, importa lo que muestran”. Por eso vemos stories llenas de frases como “delicioso”, “no te lo puedes perder”, “la mejor pizza de la ciudad”. Spoiler: no todo puede ser lo mejor de la ciudad, aunque un foodie te lo jure en mayúsculas y con emojis de fueguito.
En Reddit Guadalajara la comunidad lo deja claro: “Si en sus reseñas nunca dicen nada negativo, red flag”. Y tiene sentido. ¿De verdad todo lo que comen es perfecto? ¿Nunca se topan con un taco frío o un café recalentado? Claro que sí, solo que no lo muestran. El resultado es un paisaje digital donde lo estético gana sobre lo auténtico. A ti como lector o consumidor, esto te puede servir para descubrir lugares nuevos, pero ojo: hay “mucho vendido”. Al final, lo que brilla en Instagram no siempre brilla en la mesa.
Entonces, cuando veas a alguien grabando diez ángulos de su croissant, recuerda: probablemente busca likes más que explicar por qué ese hojaldre es digno o no de tu desayuno.
¡Los premios, la moda y el negocio detrás!
Otra capa de esta historia es cómo los foodies se enganchan con listas, premios y modas. Ejemplo clásico: “Los 50 mejores restaurantes”, “Los 120 más influyentes”, “Los top 10 de la ciudad”. ¿Quién hace estas listas? Usualmente no expertos independientes, sino organizaciones que también tienen patrocinadores y, sí, cuentas que engordar. El foodie, emocionado, las replica mil veces, convirtiéndose en el coro de una tendencia que muchas veces está diseñada para hacer caja, no para premiar la calidad real.
En The Times de Londres, Mario Ledwith escribió sobre cómo esta cultura incluso empujó a la Guía Michelin a cambiar su estrategia en México. Antes, Michelin estaba enfocada en el fine dining y en evaluar técnica, servicio y consistencia. Hoy, presionada por la cultura foodie y la obsesión por comer “afuera”, entregó estrellas de forma cuestionable, incluso a una taquería como El Califa de León. ¿Está mal premiar tacos? Para nada. Pero el problema es la incongruencia: de pronto, la misma guía que antes parecía inalcanzable para restaurantes “casuales”, ahora reparte reconocimientos como si fueran stickers de WhatsApp.
¿La razón? Ser relevante frente a videos de TikTok y listas en blogs. El foodie se ha convertido, de manera indirecta, en un agente que presiona incluso a instituciones centenarias. Si eso logró con Michelin, imagina lo que pasa con restaurantes pequeños que solo quieren cocinar bien, sin preocuparse por volverse virales.
¡El lado oscuro: comida chatarra disfrazada de tendencia!
Aquí viene una de las críticas más fuertes: los foodies no solo impulsan lugares nuevos o restaurantes bonitos, también promueven excesos poco saludables con tal de generar likes. Hamburguesas con tres pisos de carne, frappés con más azúcar que un costal de piloncillo, pizzas bañadas en litros de queso. Y no, no es que esté mal disfrutarse un antojo de vez en cuando, pero cuando la norma es lo exagerado y lo viral, terminas con lo que algunos usuarios en Reddit llaman “la ruta de la diabetes”.
Las páginas populares como “El Gordo” o “La Gorda” funcionan como ejemplos: millones de seguidores consumiendo contenido de antojos XXL que, aunque atractivos para la cámara, están lejos de fomentar una alimentación balanceada. Claro, no están obligados a ser nutriólogos, pero si realmente influyen tanto en la cultura gastronómica, vale la pena preguntarse si su papel es solo entretener o también informar con responsabilidad.
En este punto, la pregunta ¿Qué es un foodie? adquiere un matiz distinto: es un promotor de tendencias, pero no necesariamente de calidad, salud o cultura gastronómica. Y como todo en redes, depende de ti aprender a filtrar. Si algo se ve demasiado bueno para ser verdad, probablemente solo lo es para el algoritmo.
¡Entonces, en quién confiar?
No todo está perdido. Existen todavía espacios dedicados al periodismo gastronómico o a las reseñas honestas que requieren varias visitas antes de formarse una opinión. En Gourmand, por ejemplo, se hacen hasta diez visitas a un mismo restaurante antes de publicar una crítica. Eso no te garantiza que estén 100% en lo correcto, pero al menos te da un proceso más serio y responsable que el de alguien que fue una vez, pidió un platillo fotogénico y lo bautizó como “lo mejor de la ciudad”.
Aquí está la lección para el lector: confía en tu propio criterio y en fuentes variadas. Usa Google Reviews para ver lo que opinan clientes comunes, sigue periodistas o medios especializados y, si disfrutas el contenido de un foodie, tómatelo como entretenimiento, no como una verdad absoluta. Al final, tu paladar y tu experiencia personal valen más que cualquier reel de 30 segundos.
Y la próxima vez que alguien te pregunte ¿Qué es un foodie?, ya no tendrás que responder con un “pues alguien que ama la comida”, sino con algo más claro: es un creador de contenido que vende experiencias visuales, muchas veces disfrazadas de reseñas gastronómicas. ¿Eso es bueno o malo? Depende de qué tan en serio te tomes tu próxima salida a comer.
