Nada nuevo debajo del sol: todos buscamos crear la nueva rueda. Entre creadores de contenido que “innovan” con recetas de antaño y críticos culinarios digitales —mal llamados “foodies”— que recomiendan garnachas de algún puesto olvidado a las afueras de la ciudad, me pregunto yo: ¿a qué huele una estrella? ¿Por qué hablo de ello? Porque puedo, porque quiero y porque este es mi espacio, un pequeño grano de polvo en la inmensidad del cosmos.
No me considero vanguardista ni innovador; ya me reconcilié con esa parte de mí. Solo quiero hablar de lo que me gusta y, si alguien resuena conmigo, es bienvenido. Esta idea de ¿a qué huele una estrella? surgió de la nada, bueno, sí y no. Últimamente, soy más consciente de los aromas a mi alrededor, de los recuerdos que despiertan, de las personas que evocan y de los lugares que, aunque distantes, llevo conmigo.
Una noche cualquiera, mientras subía a recoger la ropa que había lavado, me llegó un inesperado aroma a plástico. Nada extraordinario. Sé que cualquier escritor que se respeta pondría algo más poético, pero yo no. Soy de calle, es lo que es. Sin embargo, eso me llevó a una pregunta crucial: ¿a qué huele una estrella?
Recordando viejos tiempos
La conexión entre el aroma a plástico y el olor de las estrellas es más sencilla de lo que parece. De niño, cuando mi papá llegaba de trabajar, tenía una peculiar forma de desconectar: se recostaba en la azotea a observar las estrellas. Solo eso, sin hablar, sin moverse. Era su ritual, y, en ese silencio compartido, me contaba su día y yo el mío. Uno de esos días me regaló una espada de juguete, cuyo envoltorio tenía un olor intenso a plástico. Ese recuerdo se activó al recoger la ropa, recordándome aquellos momentos en que me preguntaba, sin decirlo: ¿a qué huele una estrella?
Primero, ¿qué es una estrella?
Las estrellas son cuerpos celestes formados principalmente por gases como hidrógeno y helio, que emiten luz y calor debido a reacciones nucleares en su núcleo. Estas esferas de plasma liberan energía a través de la fusión nuclear, cuando átomos de hidrógeno se combinan para formar helio, liberando inmensas cantidades de energía.
Hace unos catorce mil millones de años, el Big Bang originó el universo y sus elementos básicos. A través de reacciones sucesivas, las estrellas generan elementos más pesados como el carbono y el oxígeno, que se dispersan en el espacio. Así, encontramos en nuestro planeta esos mismos elementos que fueron forjados en el corazón de las estrellas, y las fuerzas electromagnéticas presentes en ellos crean compuestos que nuestro cerebro percibe como aromas.
Entonces, ¿a qué huele una estrella?
¿Quiénes son los responsables de que podamos identificar estos aromas cósmicos? Los astroquímicos, que estudian las emisiones de luz y radio procedentes de estrellas y galaxias. A través de telescopios y prismas, separan la luz en frecuencias que actúan como “huellas dactilares” de los materiales de esas estrellas. Así podemos descubrir la composición de moléculas y compuestos que, aunque a escala cósmica, también están presentes en la Tierra.
Estos son algunos de los compuestos con los que podemos imaginar a qué huele una estrella:
- Cloruro de sodio y cloruro de hidrógeno
- Ácido sulfhídrico: que huele a azufre y huevos, reconocible en trazas pequeñas.
- Dióxido de azufre: es más irritante que aromático.
- Amoníaco: común en productos de limpieza y quesos.
- Ozono: presente en impresoras y plantas eléctricas.
- Metano: un gas natural que en estado puro es inodoro.
- Etileno: con un toque dulce, presente en combustibles para lámparas.
- Benceno: disolvente de olor dulce, aunque poco perceptible.
- Naftaleno: con aroma a insecticida.
- Metanotiol y metilamina: con un olor a col podrida.
- Etanotiol: que recuerda al pescado fresco.
Un lazo con el universo
Quizás nunca podamos oler una estrella como tal, pero los compuestos que nacieron de esas explosiones cósmicas viven en nuestra atmósfera. Así, cada aroma, incluso el más simple, es un eco del universo. ¿A qué huele una estrella? Quizá a esos mismos elementos que nos conectan con el espacio, recordándonos que no estamos tan lejos de él como creemos.
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